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¡Amor y paz!
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Los años maravillosos

Nada le fascina más a un niño de 10 años que todo lo que hacen y dicen los jóvenes de 20 años. Así me pasó a mí. Emocionado y atraído por esa única generación en la historia —quizás la que más ha cambiado las relaciones humanas—, fui un gozoso espectador del pelo largo, las barbas hirsutas, los huaraches, los morrales. No sólo tuve mis ojos bien abiertos... también mis oídos: descubrí una música sorprendente: los Rolling Stones, los Doors, Pink Floyd, The Who, Emerson Lake and Palmer, los mismísimos Beatles, Yes, Jethro Tull, Frank Zappa, Santana... (¿cuál me falta?). Cerca, muy cerca de mí, vi desfilar un mundo increíble, asombroso, delirante, donde se vivía una impensable libertad en medio de un mundo irreal de viajes alucinantes, de colores estridentes (¡la enloquecedora psicodelia!) creado, en buena medida, por ciertas drogas como la marihuana y el LSD.

Más tarde —ya en mi generación—, esa bellísima utopía (amor, libertad, placer, paz) se estrelló de frente contra el inexpugnable muro de la realidad. La crueldad de las relaciones sociales, económicas e históricas acabó con ese hermoso sueño. Pero no sólo eso, también las frías e impersonales reglas del juego de la naturaleza hicieron su parte: las maravillosas sustancias, que permitían viajar por los insondables derroteros del inconsciente, resultaron no ser inocuas.

El vicio más antiguo del mundo

Sin lugar a dudas, el consumo de sustancias que provocan algún tipo de embriaguez es tan antiguo como la propia humanidad. Ya en el tercer milenio antes de nuestra era, en la cultura sumeria, se menciona el opio (el residuo sólido del jugo que se extrae de la amapola). Sin embargo, la droga como un problema social, de salud y político es un problema más bien reciente que data apenas de 2 siglos. Por un lado, el advenimiento de la química moderna permitió extraer los principios activos de las plantas con efectos terapéuticos conocidos. Por otro lado, la revolución industrial generó un éxodo rural masivo que fue acompañado de un aumento del alcoholismo y del consumo de opio entre los obreros de la Gran Bretaña y de la Europa continental de la época.

Los ancestrales secretos de las plantas, guardados celosamente durante miles de años, finalmente les fueron arrebatados por la química. En 1805, se logró la extracción de la morfina (el principio activo más poderoso del opio). En 1859 se extrajo la cocaína de la hoja de coca. En 1898, la heroína (un opiáceo semisintético derivado de la morfina) empezó a ser utilizado. En 1903, aparecieron los barbitúricos, primeras drogas totalmente sintéticas.

Las guerras contribuyeron a dar a conocer las drogas. La morfina utilizada en 1870 para mitigar los dolores de los heridos, dio lugar a la enfermedad de los soldados: la morfinomanía. La cocaína, utilizada por los pilotos para contrarrestar la fatiga y evitar el miedo, se puso de moda después de la Primera Guerra Mundial. Las anfetaminas fueron utilizadas, primero, por los militares durante la Segunda Guerra Mundial y luego, una vez restablecida la paz, por los civiles. Las primeras benzodiazepinas para uso médico se empezaron a comercializar a finales de los años cincuenta.

Hasta entonces, el consumo de drogas había estado restringido a grupos marginales. Sin embargo, a partir de los años sesenta y setenta del siglo pasado, el uso de las drogas se fue generalizando hasta convertirse en el inmenso problema social al que nos enfrentamos hoy en día.

Drogas, droguitas y drogotas

Se considera una droga a una sustancia natural o sintética, generalmente ilícita, cuyo consumo provoca un estado modificado de la conciencia. Según su efecto psíquico dominante, se puede hablar de tres grandes tipos de drogas: los estimulantes (cocaína, anfetaminas, nicotina...), los sedantes (los opiáceos —la heroína en particular—, las benzodiazepinas...) y los alucinógenos (ácido lisérgico —LSD—, cannabis —principio activo de la marihuana—...). Algunas sustancias presentan efectos mixtos: el alcohol es estimulante y desinhibidor antes de ser sedante; la metiléndioximetanfetamina, MDMA, principio activo del éxtasis es al mismo tiempo estimulante y alucinógeno.

Desde el punto de vista jurídico, clasificar las drogas es más complicado. Hay drogas suaves (o dulces) y hay drogas duras. Hay drogas lícitas e ilícitas. En muchos países europeos, el alcohol y el tabaco se consideran, si no como drogas, en todo caso como sustancias que pueden provocar comportamientos de abuso, de dependencia o de daño a la salud.

Para algunos hablar de drogas suaves (o dulces) es simplemente una contradicción que permite banalizar y hacer parecer aceptable el uso de las drogas. Para otros, al contrario, no es a las drogas a las que hay que calificar de dulces o duras sino a su uso.

A priori, una droga podría ser considerada dulce si cumple con las siguientes tres condiciones:

Que tan sólo provoca una débil dependencia psíquica.

Que no provoque dependencia física.

Y que sea poco tóxica.

La cannabis de la marihuana parece cumplir con estos criterios. Mientras que su toxicidad (el daño que causa en los pulmones) es un hecho comprobado, su relación con las enfermedades siquiátricas (¿desencadena una patología subyacente o ella misma la provoca?) continúa siendo aún un tema de debate.

La otra droga que tiene una extendida fama de inocuidad es el éxtasis. Su consumo se ha extendido de golpe por todo el mundo. Presenta simultáneamente tanto las propiedades de un estimulante como las de un alucinógeno. El éxtasis es una droga que quita las inhibiciones y favorece la comunicación con los demás. Su aparente inocuidad tiene que ver con un efecto psíquico moderado que parece ser manejable por el consumidor a diferencia del que provoca el LSD, por ejemplo. Sin embargo, a partir de investigaciones en animales como roedores y primates, algunos neurobiólogos se han convencido de la gran toxicidad de la MDMA, el principio activo del éxtasis, sobre ciertas neuronas.

Mensajeros moleculares

Cuando en la escuela me platicaron por primera vez acerca del sistema nervioso en nuestros cuerpos, yo me imaginé que las neuronas estaban conectadas entre sí de alguna manera y que la transmisión de la información y de los impulsos eléctricos ocurría de un modo muy similar a como fluye la corriente en los cables eléctricos. Ahora sé que no es así: ¡las neuronas no se tocan nunca! Están separadas una cierta distancia (el llamado espacio sináptico). La transmisión de la información ocurre mediante un proceso químico. Moléculas de unas sustancias llamadas neurotransmisores son liberadas por la neurona precedente, luego atraviesan el espacio sináptico hasta fijarse finalmente en los receptores de la siguiente neurona. Hoy se conocen varias decenas de estas sustancias cuyas moléculas actúan como curiosos y diminutos mensajeros entre neuronas: la acetilcolina, la dopamina, la serotonina y la norepinefrina, entre otros.

Las drogas alteran el estado de conciencia de los consumidores precisamente porque interfieren con los mecanismos fundamentales de transmisión de la información de una neurona a otra. Por ejemplo, muchas drogas liberan un neurotransmisor, la dopamina, que estimula una red de neuronas llamada "sistema de recompensa" o "sistema hedónico" que provoca, a su vez, una sensación de placer. La acción de este tipo de drogas parece ser más intensa y más rápida si se fuman o se inyectan que si simplemente se ingieren por vía oral.

Los calmantes como la heroína actúan de otra manera. El mecanismo natural para mitigar el dolor implica la estimulación de ciertos receptores neuronales por unos neurotransmisores llamados endorfinas (nuestros calmantes naturales). Desde los años setenta se sabe que las moléculas de heroína se fijan en dichos receptores y, al hacerlo, se activa la función de disminuir la intensidad de los mensajes dolorosos. Es decir, las moléculas de heroína suplantan a los calmantes naturales. Un mecanismo similar ocurre con las benzodiazepinas (medicamentos recetados contra la ansiedad o para inducir el sueño) y la cannabis.

En cambio, los estimulantes como la cocaína o las anfetaminas actúan mediante otro mecanismo: No se fijan en los receptores sino que favorecen la liberación de un neurotransmisor llamado noradrenalina que tiene la propiedad de estimular las funciones de alerta del sistema nervioso.

Por otro lado, los alucinógenos actúan principalmente sobre las redes de neuronas en las que el mensajero molecular es la serotonina. Ésta juega un papel importante en la transmisión de las informaciones sensoriales. De ahí los espectaculares efectos que provocan este tipo de drogas.

Depende...

Se habla de dependencia cuando el consumo de droga es regular y constituye el eje a partir del cual se organiza la vida del sujeto. La dependencia va llevando, poco a poco, a un creciente aislamiento social y a un paulatino deterioro de la salud. El fenómeno puede ser únicamente psíquico o, además, físico.

La dependencia psíquica de los estimulantes se manifiesta por una tendencia repetitiva y compulsiva por consumirlos y el desinterés por cualquier otra actividad (la nutrición, la sexualidad, el sueño). Sin embargo, el detener de golpe su consumo no provoca síndrome de abstinencia.

En cambio, el alcohol, los opiáceos, los barbitúricos y las benzodiazepinas generan, bien y bonito, una dependencia física que se añade a la dependencia psíquica. Tomemos como ejemplo la heroína para explicar en qué consiste la dependencia física. Mientras se está consumiendo heroína, el organismo deja de producir endorfinas. Al detener repentinamente su consumo, los receptores encargados de mitigar el dolor dejan de ser estimulados. Nuestro organismo requiere de varios días para sintetizar las endorfinas. Mientras tanto, el sujeto siente dolores intensos y difusos así como una inexplicable ansiedad. Este síndrome puede ser particularmente severo en el caso de los alcohólicos (el famoso delirium tremens se caracteriza por alucinaciones y problemas de conciencia) o en el caso de los grandes consumidores de benzodiazepinas (en el que se presentan crisis convulsivas)

Música y bioquímica

Aún conservo mis discos de acetato de aquella época. Pero ya no tengo donde oírlos. La tecnología de los discos compactos mandó a las tornamesas al cementerio de la historia. He tardado muchos años tratando de rehacer aquel increíble acervo musical pero ahora en discos compactos. Entro a las tiendas de discos, camino, observo, busco, recuerdo, pienso.

Aquellos jóvenes de los sesenta y los setenta no sabían, no podían saber la extraordinaria complejidad de los procesos neurológicos. ¿Cómo podían siquiera imaginar las moléculas, sus formas y las formas complementarias de los receptores como los de una cerradura y una llave? ¿Cómo podían imaginar las funestas consecuencias de consumir esas sustancias que parecían orquestar la armonía del cosmos? ¿Cómo?

¡Patti Smith! ¡Eso es! Nunca creí encontrarlo. Because the night belongs to lovers... La sala a media luz. La Comandante en Jefe, allá. Yo, acá. O los dos juntos, total ¿qué? ¿Un café? ¿O mejor un brandy? Mmmh, no sé. Bueno, nada más uno.

Un momento: ¿cuándo dijeron los niños que había que llevarlos a su fiesta de fin de cursos?

Citas bibliográficas

Lebeau, B. La Recherche., nº 365, juin 2003, 83.

Ehrenberg, A. (dir.) Drogues et medicaments psychotropes, le trouble des frontières, Editions Esprit, Le Seuil, 1998.

Richard, D., Senon, J-L. Dictionnaire des drogues, des toxicomanies et dedependences, Larousse, 1999.

Richard, D. Les drogues, coll. «Dominos», Flamarion, 1995.

Lebeau, B. La Drogue, coll. «Idées reçues», Le cavalier bleu, 2002.

 

 

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