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Pobrecitos, los marines
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Plinio Sosa

Imaginemos a un intrépido marine estadounidense, en medio del desierto, en campaña. Pobre, está lejos de su patria, lejos de su hogar y de su familia. Y además tiene hambre. Y no tiene nada que comer ... excepto su paquete MRE (Meal, Ready-to-Eat) que, normalmente consiste de un guisado de pollo (o spaghetti) y bolas de carne. El bravo soldado escoge su ración, se la lleva a la boca y ... ¡oh tragedia! está fría. ¿Cómo la vida puede ser tan cruel con un valiente? ¿Por qué el destino se ensaña así con la gente buena?

No, no. Eso no se puede permitir. ¿Para qué está el progreso? Algo se tiene que hacer. Y se hizo. Los pobres marines, que entraron en acción en la tristemente célebre guerra de 1991 contra Irak, ya no sufrieron más. Gracias a los esfuerzos del U.S. Army Natick Research, Development and Engineering Center y de la Zesto Therm (una compañia en Cincinnati), estos desvalidos combatientes pudieron ingerir comida caliente y, de este modo, aliviar en algo la terrible circunstancia de hallarse tan lejos de cualquier Mac Donalds.

Para garantizar comida caliente, en el campo de batalla, los investigadores diseñaron una laminilla de plástico generadora de calor. Esta laminilla contiene una especie de hule espuma en cuyos poros se encuentra una sustancia química que, al mezclarse con agua, produce calor. Los soldados simplemente colocan la laminilla generadora de calor sobre el paquetito de comida, luego meten ambos dentro de una bolsa de plástico y, finalmente, agregan unos 30 ml de agua. Se esperan entre 12 y 15 minutos hasta que la comida alcanza una temperatura cercana a los 60 ºC. Ahora sí, desde hoy y para siempre, ningún esforzado marine volverá a vivir la terrible experiencia de ingerir comida fría, ni antes ni después de librar al mundo libre de otro homo sapiens en vías de desarrollo.

"Maldita ciencia", podría uno decir. "Sólo para eso sirve: ¡para fregar!". Pero, cuidado, la ciencia, un término abstracto, no piensa, no decide, no ejecuta. Los que piensan, deciden y ejecutan son gente de carne y hueso. "Una comida caliente es una gran motivación para un soldado en el campo de batalla". Esto no lo dijo La Ciencia. Esto lo dijo Donald Pickard el responsable de esta investigación. No, no hay ciencia mala ni ciencia buena. Lo que hay son científicos, no sólo de carne y hueso, sino con una posición política e ideológica, en algunas ocasiones, muy claramente definida, como es el caso de este Donald Pickard.

Más por justicia hacia la malquerida química que por fines didácticos, me gustaría platicar el fundamento químico de estas laminillas generadoras de calor. En una reacción química, se necesita separar los átomos que forman a las moléculas originales y, luego, volver a unirlos para formar las nuevas moléculas. Romper los enlaces siempre cuesta energía. Y al revés, en la formación de enlaces siempre se libera energía. Se trata siempre de un balance de energía. ¿Cuál energía es mayor la que se necesita o la que se libera? Si es más la que se necesita, entonces, el resultado neto es que la reacción consume energía. Para que se lleve a cabo, se requiere calentar. Este tipo de reacciones se conoce como endotérmicas y se representan así:

reactivos + calor ¾ ¾ ¾ ¾ ® productos

Por el contrario, cuando es más la energía que se libera que la que se necesita, el resultado neto es que sobra energía. La reacción además de ser espontánea, proporciona energía. A este tipo de recciones, se les da el nombre de exotérmicas y se representan del siguiente modo:

reactivos ¾ ¾ ¾ ¾ ® productos + calor

Este es el principio de los combustibles. Al ser quemados, los enlaces químicos de las moléculas del combustible se rompen para producir bióxido de carbono, agua y calor.

Existen algunas reacciones que pueden revertirse, es decir, en ciertas condiciones los productos se pueden transformar en reactivos. Se conocen como reacciones reversibles. Éstas son especialmente interesantes puesto que se puede tener un sistema que en ciertas condiciones absorbe energía y, en otras, la libera. Esta propiedad, por ejemplo, es muy conveniente para los organismos vivos. En ellos, el intercambio de energía se realiza a partir de la interconversión del trifosfato de adenosina (ATP) y del difosfato de adenosina (ADP):

ATP + agua ¾ ¾ ¾ ¾ ® ADP + fosfato + energía

Dicho de una manera simple, cuando el sistema necesita absorber energía se forma ATP y, cuando se requiere liberarla, se forma ADP.

En el caso de la laminilla generadora de calor, se trata de una reacción exotérmica. El magnesio, Mg, un metal bastante reactivo reacciona directamente con agua, H2O, para dar hidróxido de magnesio, Mg(OH)2, hidrógeno molecular, H2, y calor:

Mg + 2H2O ¾ ¾ ¾ ¾ ® Mg(OH)2 + H2 + calor

Unos cuantos trocitos de magnesio, distribuídos en el hule espuma, son suficientes para calentar 30 mililitros de agua hasta alcanzar una temperatura de 60 ºC, puesto que para hervir un litro de agua, no se necesitan más que escasos 24 gramos de dicho metal.

Volvamos con nuestro cientifíco de carne y hueso: "Poder calentar los paquetes MRE, en pleno campo de batalla, ha sido un gran descubrimiento", dice Pickard. "Los soldados siempre han hecho bromas sobre la comida militar. Es de gran calidad, pero se puede tener la mejor comida del mundo pero, si se sirve fría, a la gente no le gusta. Cuando tú calientas un MRE, eso es bueno". Esta es la gran preocupación de Donald Pickard. Y claro, con aquellas comidas frías ... ¡pobrecitos los marines!

 

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